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La delgada línea que separa el humor de la burla

11 de Septiembre del 2026 - Ángeles Menéndez Muñiz (Corvera de Asturias)

Hace muchos años siendo yo una niña recuerdo como había un "tonto" por pueblo y este era motivo de burlas para el vecindario, la tv en blanco y negro era la ventana por donde se asomaba Arévalo y sus chistes donde el tartamudo era el rey; también Pajares y Esteso se lo pasaban de muerte con el timo de la estampita, siendo el "tonto" el anzuelo donde los "listos" picaban. Así era en aquella época, y todos o casi todos participamos de esas burlas. Tengo que reconocer que también yo lo hice, era lo "normal" los niños siguen el ejemplo de sus mayores, en aquellos tiempos la ignorancia no te dejaba ver el dolor y el sufrimiento de quienes eran víctimas de la gracieta del "listo" de turno.

Lo que me alucina es que en la época actual se siga actuando como entonces, ahora no hay excusas que valgan quien lo sigue haciendo es porque está muy a gusto y se piensa que es muy gracioso.

Algo que me ofende mucho es cuando para insultar a alguien le dicen subnormal, y cuando muestras tu disconformidad te vienen con el socorrido: No se dice con mala intención, lo tenemos tan interiorizado que nos sale sin querer, no es para tomarlo a mal, etc.

Vamos a ver, "subnormal" es un término que originalmente describía a una persona con una capacidad intelectual inferior a lo considerado normal, pero hoy en día se utiliza principalmente como un insulto despectivo.

Dejémonos de excusas baratas, es un insulto capacitista que discrimina a las personas con discapacidad y no hay más, por eso me resulta ofensivo por mucho que lo quieran minimizar.

Para quien no quita de la boca esa definición u otras parecidas, escudándose en que es humor, para nada es así; el humor busca conectar o aliviar tensiones, mientras que el insulto busca denigrar, herir o menoscabar a otra persona.

Un chiste entre iguales no tiene el mismo impacto que cuando se dirige a personas vulnerables o en situación de desventaja.

El humor debe de tener límites, no todo vale; cómicos, actores, directores, monologuistas y toda aquella persona que desde una televisión, un escenario, o cualquier plataforma digital, se dedica al arte de hacer reír, que reflexionen sobre dónde está la línea que separa la broma de la provocación y la burla.

Un buen actor, un buen cómico, un buen director, un buen monologuista, demostrará su inteligencia haciendo reír al público sin burlarse de las discapacidades de quienes las sufren.

Para la gente que no le da importancia, igual si fuera dirigido a un hermano, hijo o nieto cambiaban de opinión.

Evolucionemos, hay muchas maneras de hacer reír, y la verdad que quien lo hace burlándose de los demás ya le retrata como persona.

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