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El 11S también cambió Asturias

11 de Septiembre del 2026 - Maikel Valdés Leiva (Posada de Llanera)

Veinticinco años después, las consecuencias de aquel 11 de septiembre siguen presentes, también en nuestra tierra. El 11 de septiembre de 2001 ocurrió a miles de kilómetros de Asturias. Sin embargo, hay acontecimientos que no necesitan suceder en nuestra calle para terminar cambiando nuestra manera de vivir. Aquel día Estados Unidos sufrió los atentados que conmocionaron al mundo y, desde entonces, muchas cosas cambiaron; la política internacional, la economía, la seguridad, los movimientos migratorios y, sobre todo, nuestra percepción de un mundo cada vez más conectado.

Asturias no quedó al margen. Después de aquel día, la seguridad pasó a ocupar un espacio mucho mayor en nuestra vida cotidiana. Viajar en avión dejó de ser exactamente lo mismo. Los controles en los aeropuertos se hicieron más estrictos y conceptos que antes parecían propios de otros países comenzaron a formar parte de nuestro vocabulario habitual. En una Asturias que durante años había mirado al exterior con cierta distancia, también comenzó a crecer la conciencia de que cualquier acontecimiento internacional podía tener repercusiones aquí.

La economía tampoco podía permanecer aislada. Asturias llevaba años afrontando la transformación de su tradicional estructura industrial y minera. En las décadas siguientes llegaron nuevas crisis, la globalización, la transformación del sector industrial, la crisis financiera de 2008 y, posteriormente, la pandemia. No todo puede atribuirse al 11S, evidentemente, pero aquel acontecimiento reforzó una realidad que hoy nos parece evidente; nuestra economía depende de un mundo global en el que lo que ocurre lejos puede terminar afectando a una empresa, a un trabajador o a una familia asturiana.

También cambió Asturias desde el punto de vista demográfico. La inmigración fue ganando presencia en nuestras ciudades y pueblos. Hoy forman parte de nuestra realidad cotidiana personas procedentes de América Latina, Europa, África y otros lugares del mundo. Según datos del Principado, en 2025 la población extranjera empadronada rondaba las 69.000 personas, y había aumentado un 65,7% respecto a 2019. Además, 2025 fue el octavo año consecutivo con saldo migratorio positivo en Asturias.

Eso significa que la Asturias de hoy es más diversa que la de principios de siglo. En nuestros colegios, centros de salud, comercios, barrios, asociaciones y lugares de trabajo conviven personas con historias y procedencias diferentes. Y ahí aparece también una de las contradicciones que dejó aquella época; mientras el mundo nos acercaba cada vez más, determinados discursos políticos comenzaron a hablar con mayor frecuencia de fronteras, seguridad, inmigración y miedo.

El terrorismo internacional pasó a ocupar un lugar central en las decisiones de los gobiernos. Después llegaron otras grandes preocupaciones: la crisis económica, la inmigración, la pandemia, la guerra de Ucrania, la energía o el cambio climático. En Asturias, como en el resto de España, la política dejó de hablar únicamente de lo que ocurría dentro de nuestras fronteras.

También cambió nuestra manera de viajar. Hoy Asturias busca precisamente una mayor conexión con el exterior. El aeropuerto de Asturias cerró 2025 con 2.051.342 pasajeros, su récord histórico, frente a los 1,4 millones de 2019. Además, dispone de numerosas conexiones nacionales e internacionales.

Resulta curioso pensar en esa evolución. Aquel 11 de septiembre hizo que viajar en avión significara también hablar de controles, seguridad y miedo. Un cuarto de siglo después, Asturias busca precisamente más vuelos, más visitantes, más conexiones y mayor proyección internacional. Y el turismo se ha convertido en una parte cada vez más importante de nuestra imagen exterior. La Asturias industrial y minera continúa formando parte de nuestra identidad, pero hoy hablamos también de naturaleza, gastronomía, patrimonio, cultura, Camino de Santiago, costa, montaña y turismo rural.

Incluso nuestra forma de informarnos cambió. En 2001 muchas familias asturianas conocieron lo que estaba sucediendo a través de la televisión. Hoy un acontecimiento mundial llega inmediatamente al teléfono móvil. Hemos pasado de esperar el informativo a recibir cientos de imágenes, vídeos y opiniones en cuestión de segundos. Eso ha cambiado nuestra relación con la política y con la realidad. Vivimos más conectados, pero también más expuestos a la desinformación, a la polarización y a una sucesión permanente de noticias.

No podemos decir que aquel día transformara por sí solo Asturias. Sería demasiado sencillo. Asturias ha cambiado por muchas razones; la evolución industrial, la entrada en el euro, la globalización, las crisis económicas, la inmigración, las nuevas tecnologías, la pandemia y las transformaciones sociales.

Pero el 11 de septiembre de 2001 fue uno de esos momentos que marcaron un antes y un después en la manera de entender el mundo. Veinticinco años después, aquel acontecimiento sigue estando presente, aunque a veces no nos demos cuenta. Está en los controles antes de subir a un avión. En la diversidad de nuestros pueblos y ciudades.

En la forma en que hablamos de seguridad e inmigración. En una economía que depende de lo que ocurre fuera. En los millones de viajeros que entran y salen de Asturias. En nuestros teléfonos móviles y en la velocidad con la que recibimos una noticia. Y, sobre todo, en la conciencia de que ya no existen acontecimientos completamente lejanos. Porque quizá esa fue la gran transformación, entendimos que el mundo está mucho más cerca de lo que pensamos. Y que, aunque aquel 11 de septiembre sucediera en Nueva York y Washington, sus consecuencias también terminaron llegando hasta Asturias.

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