Otras razones para el suspenso PISA
Desde la gratuidad, desde el total desconocimiento, con toda mi reserva, con su permiso, por supuesto, me rebelo no obstante de lleno contra quienes atribuyen a las pantallas y las nuevas tecnologías el fracaso escolar que nos otorga el informe PISA. En la cuna del avance, que son los países nórdicos, ya han estrangulado las pantallas de las aulas. Me sublevo ante ello. ¿Por qué? Porque la IA y las tecnologías han venido para quedarse, y porque son un gran avance para la humanidad como lo han sido internet, las revoluciones industriales, la rueda o el fuego. Otra cosa será su regulación, y en ello doctores tiene la iglesia. Estas nuevas herramientas ayudan a la educación. La educación debería despegar con el mismo ímpetu con que se dispara el avance; del mismo modo que los nuevos vehículos y autopistas facilitan la conducción y disminuyen el riesgo de accidentes. Lo que precisamente tiene que cambiar es el sistema escolar para adaptarlo a las nuevas circunstancias. No tiene sentido aprender materias y aspectos que nos brinda la IA en un plis plas. No me vale lo de que lo convencional nos ayuda a razonar. A razonar nos ayuda la educación para la introspección, el discernimiento, el análisis personal y en colectividad sobre cómo abordamos algo. La lectura nos enseña a la vez que nos educa a la creatividad. Me resulta de interés cómo planean los estudiantes el proyecto; cómo lo "venden" a quienes tienen que aprobarlo, impulsarlo o financiarlo; me gusta la retórica y la expresión verbal para plantearlo con claridad y convicción. Las pantallas por supuesto que nos ayudan en la investigación, resuelven nuestras dudas, impulsan la creatividad... No me vale lo que afirman esos malos docentes en relación con que los estudiantes incluso copian los trabajos de la IA. Corrijan los trabajos con el alumno y descubrirán si saben o no; si se han limitado a copiar o se han esforzado por trabajar, por investigar, por comparar, por contrastar. A lo mejor descubren que quien ha hecho un mal planteamiento posee en el desarrollo argumentos sólidos sobre los que detenerse, y pensar. Eso es pensar; el popurrí de precipitar abstracción, conceptualización, razonamientos, imaginación, creatividad, tomas de decisión... No aprenderse textos farragosos y ridículos que además te descubre la IA en un santiamén. No hay aprendizaje sin motivación, que en no pocas ocasiones viene con la madurez; es decir, tardía. Cada cosa a su tiempo. Cada cual en su momento. Creen los maestros y profesores ambientación en sus aulas; contexto, entusiasmo, motivación para cuantos quieran aprender. Y los que no quieran habilítenles un aula en la que jueguen con el móvil. Por favor, sabios y políticos, que en este último caso no son tales, enjuicien que más que por las pantallas, el fracaso escolar va asociado en no pocos casos al déficit del entorno familiar y social en que tienen que lidiar muchos alumnos. Su déficit contextual en familias que difícilmente pueden alentar lo que no han conocido, y porque lo que conocen y en donde se desenvuelven es marginal y diametralmente opuesto a la educación y al progreso. Disciernan nuestros políticos que el fracaso escolar tal vez se derive de estudiar en una lengua que no es la materna (caso del País Vasco). Que también tenga que ver en ello la calidad docente, si el absentismo y la falta de entusiasmo de alumnos y profesores son ya más que preocupantes. Tendrá que ver por supuesto el clima de aprendizaje en los centros, de cuyo déficit nace mucho abandono escolar en el que en no pocas ocasiones se deriva. Instalen tanto en el ámbito familiar como en los centros educativos más hábitos lectores, más apoyo académico, más expectativas educativas, más recursos culturales. Faciliten los políticos la inserción escolar de quienes carecen no ya de recursos, sino de una simple justificación para el aprendizaje. Apéense los políticos nacionalistas de insistir en la imposición de una lengua que no es la materna, curiosamente a consta de la libertad y de la igualdad. Igual en este caso hemos dado con razones suficientes, entre otras, para el suspenso de PISA, y no tanto como consecuencia de las tabletas.
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