Retiros espirituales
Al parecer, se están poniendo de moda los llamados "retiros espirituales" para ejecutivos exhaustos. Personalmente creo que esa exhaustividad afecta a un colectivo más numeroso que ese que se conoce como "ejecutivos", no en vano, y como sostiene el autor surcoreano Byung-Chul en su ensayo "La sociedad del cansancio", el paisaje patológico de la sociedad actual se caracteriza por el auge de enfermedades neuronales como el trastorno por déficit de atención, hiperactividad o el trastorno del espectro autista, incluidas las depresiones. Un cansancio que viene provocado por el nivel de exigencia que soportan las personas en sus ámbitos laborales, aunque no solo. Un nivel de exigencia que primero es externo a ellos pero que inmediatamente, y en una infernal vuelta de tuerca, se interioriza en una suerte de autoexplotación donde las personas directamente se inmolan en el altar de una tóxica competitividad, en una absurda carrera a ninguna parte en la que se ven impelidos a participar.
En este escenario tan desolador de infelicidad y frustración surgen, cual Ave Fénix esos "retiros espirituales" que ofrecen toda una panoplia de actividades salvíficas, desde la caminata en silencio, la contemplación, la meditación y finalmente para los más exigentes, el encaminamiento o la incitación a la búsqueda de la fe y la oración, buscando, al parecer, introducir a Dios en el centro de la gestión de sus empresas, formando algo así como "empresas consagradas". No deja de ser inquietante con qué frivolidad o con qué mala intención, y por supuesto con una falta de conocimiento y rigor absolutos, se pretende relacionar de forma unívoca y falsa, aspectos consustanciales al individuo como son la reflexión, el pensamiento o la ética, con las diferentes religiones o creencias, como si los ateos o los agnósticos careciesen de esos atributos, que son humanos, no divinos.
Una vez más, parece que se quiere resolver, falsamente por otra parte, el problema de la explotación y el abuso de poder de unos pocos sobre la mayoría, principalmente en el ámbito laboral, atendiendo a la sintomatología, hoy en día reflejada en la permanente infelicidad y vacío del individuo junto con toda una patología de enfermedades neuronales ya referidas, pero ignorando las causas que provocan esa situación y que es sobre las que habría que actuar.
Me viene a la memoria una conocida frase de Marx expuesta en su "Crítica de la filosofía del Derecho de Hegel", donde sostenía que "la religión es el opio del pueblo". Una frase que se ha manoseado demasiado, con el único propósito de desprestigiar a las religiones en general, pero que en el contexto en el que Marx la formuló no era ese su principal sentido. Marx lo que pretendía fundamentalmente era señalar la situación de penuria material y moral en la que se encontraba la clase obrera y donde la religión era una especie de suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado, y el alma de unas condiciones desalmadas que soportaba, y que por lo tanto, solo le quedaba aferrarse a esa ilusión, que aplazaba la superación de esas carencias a la otra vida porque en esta era imposible.
Esta demanda, al parecer importante de estos "retiros espirituales" que para los más necesitados, en teoría los más explotados, incluso acaban en la religión pura y dura, en un momento donde las sociedades cada vez están más secularizadas, entra de lleno en la casuística que Marx ya señalaba en el siglo XIX; eso sí, ahora con tecnologías mucho más avanzadas y "limpias" que no tiznan de carbón a los trabajadores como en la época de Marx.
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