La trampa de banalizar el discurso
Asistimos a una preocupante degradación democrática en la que quienes dicen combatir el autoritarismo adoptan sus mismos métodos dogmáticos. Ciertas facciones políticas buscan el poder no para servir, sino para integrarse en la oligarquía dominante, anulando la pluralidad y el debate mediante el insulto y la exclusión de la crítica.
El uso indiscriminado como arma arrojadiza de etiquetas como "fascista" termina por vaciar de significado sus terribles conceptos históricos. Esta banalización deja a la sociedad desarmada para identificar las verdaderas amenazas autoritarias cuando surgen de forma sibilina. Un claro ejemplo de esta deriva es Pedro Sánchez, maestro en la escenificación y el cambio de discurso, capaz de maquillar la erosión del Estado de Derecho con avances sociales para perpetuarse en el poder.
Para salir de esta trampa histórica y recuperar el esfuerzo mental de escuchar, argumentar y rebatir con hechos, necesitamos referentes que rechacen el cliché. Figuras como Cayetana Álvarez de Toledo en el PP y Emiliano García-Page en el PSOE representan hoy esa posibilidad de devolver la coherencia y la altura intelectual al debate político que nuestro país tanto necesita.
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