Dar la cara no debería tener un precio
Hay algo que debería estar por encima de cualquier ideología: el respeto.
Y hoy quiero hablar de una persona que conozco bien: Covadonga Díaz Álvarez, concejal del Ayuntamiento de Oviedo.
Una mujer que ha decidido dar la cara. Que está ahí, en primera línea, tomando decisiones, escuchando, trabajando y asumiendo la responsabilidad que implica estar al servicio de los demás.
Que está ahí cuando otros prefieren esconderse. Que ha decidido defender sus convicciones desde el respeto y ponerse del lado de la convivencia y de la no violencia. Que ha tenido el valor de exponerse públicamente, cuando muchos no lo esperaban (gran lección).
Y precisamente por eso, recibe insultos, descalificaciones y faltas de respeto.
Podemos estar de acuerdo o no con sus decisiones. Podemos compartir o cuestionar sus ideas. Podemos discrepar profundamente. Eso también forma parte de una sociedad democrática.
Pero discrepar no debería darnos derecho a faltar al respeto.
Porque detrás de un cargo público hay una persona. Con familia, amigos, preocupaciones, días buenos y días malos. Una persona que dedica tiempo, energía y muchas veces renuncia a parte de su vida personal para trabajar por aquello en lo que cree.
Conozco a Covadonga y sé cuánto se implica, cuánto trabaja y cuánto le importa Oviedo. Por eso me duele especialmente comprobar que, en ocasiones, parece que se ha normalizado atacar a quien simplemente decide estar ahí y dar la cara.
No deberíamos acostumbrarnos a eso.
¿Qué sociedad estamos construyendo cuando insultar a quien da la cara nos parece más fácil que escucharle?
Lo fácil es opinar desde la distancia. Lo difícil es ponerse delante, asumir responsabilidades y aceptar que cada decisión será examinada, cuestionada y, a veces, injustamente atacada.
Y hay algo que no deberíamos olvidar: el daño de las palabras no desaparece porque se escriban detrás de una pantalla o se pronuncien en medio de una discusión política. Los insultos llegan a las personas. Y dejan huella.
Una sociedad democrática no se mide solo por la libertad que tenemos para hablar. También por la capacidad que tenemos para hacerlo sin destruir al otro.
Y a Covadonga solo quiero decirle una cosa:
Sigue dando la cara. Porque defender la no violencia también significa no responder al odio con odio.
Y porque dar la cara por aquello en lo que crees nunca debería salir caro.
Orgullosa de ti.
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