HAL 9000
Allá por 1968, Stanley Kubrick ya advertía sobre los peligros de las inteligencias artificiales. Aquel ordenador, llamado HAL, acompañó a Dave Bowman en su odisea por el espacio sideral. En mi opinión, una de las escenas más aterradoras tiene lugar cuando la computadora adquiere personalidad propia y se hace con el mando de la nave, gobernándola a su antojo. En la actualidad, las máquinas han ganado tanto protagonismo y poder que puede llegar un punto en el que acaben con toda la humanidad porque un loco, convencido de que la vida es como un videojuego, ha decidido jugar a hundir la flota. A mi juicio, una de las claves reside en el uso que se le da a la tecnología mencionada. No es tanto el hecho de que hayan llegado para quedarse, sino en qué manos se encuentran. Está claro que no se puede detener el progreso, máxime en la era digital, donde todo sucede a gran velocidad, pero sí pueden establecerse límites en cuanto a los fines. En su momento, nos dijeron que estaban diseñadas para facilitarnos la vida, no para arrebatárnosla sin remordimiento y dejar al mundo al borde del abismo. A lo mejor mis allegados son androides. ¡Y yo tomando el vermú con ellos! Ignoro qué puede ocurrir en un futuro. Solo sé que tengo miedo, HAL.
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