Puñetera ley de muertos
Créanme que respeto, e incluso entiendo en este país de cainitas que estamos forjando, a quien considere un disparate la llamada "ley de nietos". Yo estoy convencido de que es una estrategia más de perdigonazo al ave del Partido Popular, que históricamente ha exhibido al respecto matices contrapuestos según el interés de cada momento y según la norma específica a debate en particular. El PP de Feijóo viene siendo así a falta de una estrategia sobre cada cosa. La extensión de la nacionalidad para los descendientes en el exterior es algo hermosa, aunque haya quien niegue hasta de la Creación. Dar carta de naturaleza a los hijos de quienes en algunos momentos de la historia fueron expulsados de su patria por razones ideológicas es un poema a la vida y a la razón. Sus padres se mataron hace años entre ellos. Les pudo tanto el trastorno emocional y la turbación que abrazaron el odio hasta alcanzar la violencia. Hasta el punto de matar a sus hermanos por una posición cualquiera que sea, que ensombrecía el sentido común, el alma y el corazón. Debería avergonzarnos que no sepamos aferrarnos a la paz aún sesenta y siete años después de que un ángel exterminador arrasase, no ya solo a nuestra España y sus gentes, sino también cualquier posibilidad de cohesión en el futuro. Me recuerda a los terroristas argelinos de los noventa, que en plena confrontación civil decapitaban a sus víctimas, como si segarles la vida no fuese suficiente. Era preciso también desmembrarles, negándoles de este modo cualquier acceso futuro a su paraíso. Cuanta brutalidad en algunos episodios humanos. Pues nada; aun y todo dándole comba a seres malvados e irracionales que pretenden sacar tajada sectaria a la "ley de nietos". El PSOE, arracimándola a la ley de Memoria Democrática, en lugar de presentarla como una ley independiente, y el PP, sembrando el bulo de una supuesta ventaja que la memoria electoral otorga a su partido como tradicional caladero de los votos de nuestros expatriados. Y entre tanto sinvergüenza suelto, muchos nietitos de ayer que hoy son abuelos, que conocen mejor que nadie nuestras canciones de atrás; que asaltan a cada "gallego" que asoma por Buenos Aires; que se ensimisman ellos solos con los relatos que les trasladamos de sus ancestros; que ni por el forro pretenden participar en una contienda electoral sino tan solo disponer de un as en la manga que les permita soñar con la posibilidad de abandonar las terribles turbulencias de sus naciones sudamericanas de acogida... Y nosotros negándoles derechos en la entrada a la patria que les fue sesgada a sus padres. Manda carayu; cuanta maldad encerrada en las sedes partidistas. Me confieso ante Marcello, un quiosquero de la avenida Nueve de Mayo en Buenos Aires. El pobre hombre me lloraba cada tarde recordando la Italia de sus papás, que, como a los nuestros, puñeteras guerras estúpidas les separó de su vida y de sus gentes. Por cierto, también Italia tiene un modelo legislativo al respecto, si bien interpretado y aplicado de forma diferente. Qué desgracia; ni el recuerdo de las guerras nos espabila.
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