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La economía explicada para que todos la entiendan

24 de Septiembre del 2026 - José Viñas García (OVIEDO)

La economía, explicada de forma sencilla, es una cadena.

Una sociedad está formada por personas diferentes. Unos estudian durante años, otros trabajan con sus manos; unos tienen más responsabilidad, otros menos; unos arriesgan su dinero para montar una empresa y otros trabajan para ella.

Es normal que no todos cobren lo mismo.

Si un ingeniero agrónomo cobra exactamente lo mismo que la persona que recoge la fruta, ¿para qué estudiar durante años? Si el empresario cobra lo mismo que sus trabajadores, ¿para qué arriesgar su dinero, contratar, invertir, investigar y crear una empresa?

Eso no significa que un trabajador valga más que otro. Significa que los trabajos, la preparación, la responsabilidad y el riesgo son diferentes.

Y aquí aparece un ejemplo muy sencillo.

Hace años, muchas mujeres inmigrantes trabajaban como internas cuidando personas mayores. Recuerdo el caso contado en televisión de una mujer ecuatoriana que llevaba muchos años en España.

Trabajaba como interna y cobraba alrededor de 600 euros. Vivía en la casa de la persona que cuidaba, por lo que no tenía que pagar un alquiler ni su propia comida. Podía ahorrar una parte muy importante de esos 600 euros y enviar el dinero a su familia en Ecuador. Para una familia de allí, ese dinero podía significar muchísimo: pagar estudios, comprar una casa o mejorar sus condiciones de vida.

Después llegaron nuevos derechos laborales para estas trabajadoras: jornada regulada, salario, cotizaciones y demás.

Todo eso puede parecer positivo cuando lo miramos solamente desde el punto de vista de una moralidad restringida: «Le pagamos 1.200 euros y que ella se arregle». Pero resulta que casi todo se va en el alquiler de la vivienda, agua, comida, seguros... En fin, que tiene que irse porque no le llega para vivir. El tiro por la culata.

Pero hay que mirar también el otro lado.

Una persona mayor que vive con una pensión determinada no puede pagar indefinidamente un sueldo, las cotizaciones y todos los demás gastos de tres trabajadoras al día al poner ocho horas de jornada.

Aquella mujer podía pasar a cobrar más, pero también tenía que pagar un alquiler, comida, transporte y el resto de sus gastos.

Y entonces podía ocurrir algo muy sencillo: ganaba más, pero le quedaba menos dinero para enviar a su familia y, además, tenía dificultades para vivir ella misma. Aquí nadie se paró a calcular el precio de la habitación y la manutención. En la mayoría de los casos era una más de la familia, para siempre. Pues llegaron Zapatero, Irene, Iglesias y Errejón, y todo a tomar por saco por elegir niñatos para gestionar nuestro destino.

Y la persona mayor podía dejar de contratarla porque sencillamente no podía pagarla.

Ahí está la cadena.

Lo mismo puede ocurrir con un agricultor.

Si recoger una cosecha se vuelve demasiado caro, el agricultor tiene que subir el precio, ganar menos, mecanizar el trabajo o dejar de producir.

Si sube el precio, el siguiente de la cadena también tiene que subirlo.

Y al final llegamos al supermercado.

Y después, al consumidor.

Por eso, cuando nos dicen que los salarios han subido, hay que hacer una pregunta muy sencilla:

¿Y cuánto han subido las cosas que compramos?

Porque cobrar más euros no significa necesariamente vivir mejor.

Si hace siete años ganábamos 1.200 euros y ahora ganamos 1.500, parece que somos más ricos. Pero si la vivienda, la comida, la electricidad, el transporte y todo lo demás han subido todavía más, nuestro bolsillo puede estar peor.

Ese es el engaño de mirar solamente la cifra del salario.

La economía no consiste solamente en subir números.

Hay que mirar toda la cadena.

Porque alguien tiene que pagar cada salario, cada cotización, cada transporte, cada producto y cada impuesto.

Y al final de esa cadena siempre hay alguien que compra.

El consumidor.

No se trata de defender salarios bajos ni de decir que un trabajador no merece vivir dignamente.

Se trata de entender una cosa muy sencilla:

Si hacemos que un eslabón de la cadena cueste mucho más, ese coste no desaparece. Alguien termina pagándolo.

Y si no tenemos cuidado, podemos conseguir algo que parece paradójico: que los salarios suban mientras cada vez podamos comprar menos con ellos.

Eso sí sería empobrecernos mientras nos dicen que estamos progresando.

España va camino de la dependencia.

Podemos, Sumar, Sánchez y Rufián nos dicen: ganar más, trabajar menos, más permisos y más tiempo libre. Pero no nos dicen lo esencial: sin esfuerzo, productividad y mérito, no hay riqueza que repartir.

La economía de un país es como la de una familia: si produces menos de lo que gastas, tarde o temprano la factura llega.

Y entonces, ese tiempo libre de hoy puede convertirse en hambre mañana.

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