¿Para qué sirve la democracia?
Estos días es noticia el desahucio de una señora mayor -Maricarmen- en Madrid, que resulta normal por ser una de los veinticinco mil según dice la presidenta de esa comunidad. Pues menuda estadística del desamparo en la que terminan miles de familias, jóvenes y personas mayores por una política de vivienda asequible "que no existe" y castiga siempre al más vulnerable.
Porque al desahucio debemos sumar el abuso de precios en los alquileres, que han convertido la aventura de buscar una vivienda - no áticos con terrazas- en una tragedia social que por razones de ideología y especulación pura del mercado, se ha convertido en una frontera más para tener una vida normalizada.
Pero como siempre que un problema trasciende la esfera privada y adquiere relevancia mediática, nadie es culpable y en todo caso siempre el de enfrente. La especulación del suelo, el descontrol sobre el mercado de vivienda pública y medidas mirando más a sacar ingresos por las administraciones, han convertido a España en un paraíso para los fondos buitre y los inversores privados, que encuentran la manera de rentabilizar rápido sus ahorros a costa de pisos turísticos de temporada, dejando como alternativas: habitaciones compartidas, camas calientes y puentes para poder dormir bajo un techo.
Las iniciativas que se han llevado al Parlamento para intentar frenar esta selva no han fructificado por la miopía de la derecha y el miedo del PSOE a traspasar los límites del "supermercado" inmobiliario. Un asunto tan vital para integrarse en una sociedad erradicando la delincuencia en las calles, evitar que se extienda la pobreza y dando un futuro digno a los menores, no puede seguir dependiendo del color de quienes gobiernan si no tienen mayoría parlamentaria. Es un asunto de Estado que debe legislarse por interés nacional (art. 47 de la Constitución) dando cobertura a parte de la ciudadanía que se pregunta sino ¿para qué sirve la democracia?
No es fácil ni rápido darle la vuelta a la tortilla (el capitalismo está muy a gusto así), por eso esperar más solo agrava el problema y sirve de caldo de cultivo para esa ultraderecha desbocada, que utiliza cualquier descontento social para echar mierda al gobierno progresista y desautorizar el sistema democrático.
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