Aquel compañero de la "clase Calvo" de Sotrondio
Querido Isidro:
El pasado 8 de septiembre, Día de Asturias, recibiste una de las distinciones más importantes y entrañables que puede otorgar nuestra tierra: el nombramiento de Hijo Predilecto de Asturias, concedido por el Gobierno del Principado que preside el Excmo. Sr. Adrián Barbón.
Ante este merecido reconocimiento, no puedo dejar pasar la ocasión de dirigirte estas palabras, nacidas sobre todo del afecto, de la amistad y de tantos recuerdos compartidos a lo largo de nuestras vidas.
Porque antes que el político, antes que el presidente del Partido Popular de Asturias, antes que el diputado y el senador, para mí está Isidro, aquel compañero de estudios y amigo de la infancia de la famosa “clase Calvo” de Sotrondio.
Han pasado muchos años desde aquellos tiempos y, cuando uno mira hacia atrás, descubre que la vida está hecha de momentos muy diferentes: los alegres y los difíciles, los cotidianos y los extraordinarios, los que compartimos casi sin darnos cuenta y aquellos que, con el paso del tiempo, adquieren un valor especial.
Y nosotros hemos tenido la fortuna de compartir muchos de ellos.
De aquella infancia y juventud han quedado recuerdos, anécdotas, conversaciones, ilusiones y también, seguramente, alguna que otra travesura que el paso de los años ha convertido en historias entrañables. Son esos recuerdos los que permanecen cuando todo lo demás cambia y los que nos recuerdan de dónde venimos y quiénes fueron las personas que caminaron a nuestro lado en los primeros años de nuestra vida.
Después, nuestros caminos fueron adquiriendo diferentes responsabilidades y compromisos. Tú elegiste dedicar una parte muy importante de tu vida al servicio público y desarrollaste una larga trayectoria política, primero en Asturias y posteriormente en las instituciones nacionales, siempre desde tus convicciones y desde el compromiso con tus ideas.
Más allá de las diferencias políticas que puedan existir —porque la política pertenece al ámbito de las ideas y las personas están por encima de ellas—, creo que todos debemos reconocer el valor de quien dedica años de su vida al servicio de los demás.
Subtítulo: El reconocimiento en Isidro Fernández Rozada a una vida de compromiso con Asturias
Por eso, este nombramiento no solo representa el reconocimiento a una trayectoria política. Representa también el reconocimiento a una vida de compromiso con Asturias, con sus gentes, con sus pueblos y con esa tierra que nos vio nacer y que llevamos dentro, estemos donde estemos.
Y para quienes te conocemos desde aquellos años de Sotrondio, este homenaje tiene además un significado especial. Nos permite recordar con orgullo a aquel compañero de nuestra juventud que, con el paso del tiempo, alcanzó importantes responsabilidades sin dejar de ser, para quienes tuvimos la suerte de compartir aquellos primeros años, Isidro, nuestro amigo y compañero de siempre.
Quiero felicitarte, por tanto, no solamente por este título de Hijo Predilecto de Asturias, sino por todo el camino recorrido hasta llegar a él.
Por el pasado, por aquello que hiciste y por los años de dedicación que dejaste atrás.
Por el presente, porque este reconocimiento llega en un momento en el que Asturias te distingue y te dice, de alguna manera, que tu esfuerzo y tu trayectoria no han pasado desapercibidos.
Y también por el futuro, porque todavía quedan muchas cosas por vivir, muchos recuerdos por construir y muchas conversaciones pendientes entre quienes compartimos aquella etapa de nuestra vida.
Gracias, Isidro, por tantos momentos compartidos. Gracias por aquellos años de juventud que el tiempo no ha conseguido borrar. Gracias por las vivencias, por las conversaciones, por las alegrías y también por los momentos más difíciles. Gracias, en definitiva, por formar parte de una etapa de mi vida que guardo con especial cariño.
Hoy, cuando Asturias te reconoce como uno de sus Hijos Predilectos, siento también que, de alguna manera, se reconoce a aquel muchacho de Sotrondio con el que compartimos aulas, ilusiones y tantos momentos de nuestra juventud.
Recibe, querido amigo, mi más sincera felicitación, mi reconocimiento y, sobre todo, mi afecto.
Que este homenaje sea no solo un reconocimiento a lo que has hecho, sino también un estímulo para todo lo que todavía te queda por vivir y aportar.
Un fuerte abrazo, Isidro.
Con todo mi cariño y amistad.
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