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La vivienda y el esfuerzo de una familia

5 de Octubre del 2026 - María Josefa García (OVIEDO)

Una ciudad se crea con el esfuerzo de muchas vidas. Lamento que esta situación de la vivienda haya llegado hasta estos niveles en los que una solución parece difícil.

Tengo 72 años. Soy descendiente de la emigración asturiana y conozco los sacrificios realizados por una familia.

Mi abuelo salió de un pueblo asturiano cuando la pobreza se medía por la elemental subsistencia: ¡poder comer! Partió en un barco hacia América rumbo a un horizonte incierto. Llegó a Puerto Rico y allí empezó a labrarse su futuro. De Puerto Rico se trasladó a Santo Domingo, y de allí regresó a España al cabo de unos años.

El dinero que había ganado en América lo invirtió en Madrid. Él y su hermano lo arriesgaron todo comprando unos terrenos en la capital, y allí construyeron un edificio. Lo hicieron en pleno corazón del barrio de Salamanca, ese que ahora algunos llaman despectivamente el barrio de los “cayetanos”.

Fue allí donde mi abuelo contribuyó al crecimiento de Madrid, un lugar que nunca se hubiera convertido en la gran ciudad que es hoy sin la aportación de los emigrantes, tanto los asturianos como los procedentes de todos los rincones de España.

Mis abuelos criaron a sus cuatro hijos en Madrid. Aunque suspiraban por Asturias, aunque aún sentían el desgarro de haber dejado su querida región natal, su prioridad era el futuro de sus hijos, por lo que decidieron asentarse definitivamente en la capital.

Esas viviendas en el centro de Madrid fueron el fruto de muchos años de trabajo en el extranjero, así como de la valentía y la audacia que supuso invertir en ellas el dinero que habían ganado noblemente. No fue ningún regalo caído del cielo ni el resultado de maniobras inconfesables. Eran propiedades obtenidas con el sudor de su frente.

He recordado la historia de mi abuelo con motivo del agitado debate sobre los problemas de la vivienda en España. No es en absoluto cierto que la causa sean los fondos buitre, que no poseen ni siquiera el 10% del parque inmobiliario. Ese es un argumento falso y demagógico. Existen muchos más factores que este Gobierno ha desatendido durante ocho años y que ahora parece querer resolver atropelladamente.

Observo a los jóvenes que día y noche acampan en Madrid y en otras ciudades y no puedo evitar acordarme de mi abuelo. ¿Qué diría él viendo a esas personas que, con los problemas que puedan tener, parecen gozar de salud y vitalidad? ¿Cómo se sentiría al comprobar que no solo ellos, sino el propio Gobierno de España, están descalificando a los propietarios de las viviendas, acusándoles de “buitres” o “rentistas” ociosos y avariciosos? ¿Reconocería ese país que él y otros emigrantes como él contribuyeron a forjar con tanto callado sacrificio?

Es fácil gritar contra los fondos “buitre”, es fácil hacer populismo a partir de un caso particular y mediático, pero las situaciones complejas se arreglan después de haberles dedicado el tiempo suficiente (por ejemplo, el de dos legislaturas). No a última hora y de forma chapucera. Los emigrantes como mi abuelo lo tenían muy claro.

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