No recuerdo
La facilidad que tenemos en este país ante el poder judicial para alegar en una clara y detallada acusación de un magistrado a un presunto delincuente y que este le conteste: "No lo recuerdo". Claro, el magistrado, que tonto no es, piensa: "¿Será que no quiere recordarlo o es que es tonto y eso le exime de culpabilidad?". Pero es que además viene siendo también una estrategia comercial y social. "Oiga, que llevo aquí dos horas esperando a que vengan y me arreglen la lavadora". Y como el comercial se ve pillado, le suelta: "Le dije mañana, no hoy," y la señora le levanta la voz muy cabreada y le dice: "¡De eso nada, habíamos quedado hoy!". Y el comercial, para salir del trance: "Pues, mire, ahora no lo recuerdo, pero creo que le dije mañana". Es ya la picaresca española. Templado para hablar y dialogar, pero si tiran con balas soltamos un santas pascuas y a lo mejor cuela. El honor, la dignidad, la puntualidad, la lealtad, la honestidad se pagaban a precio de oro. Ahora nos dedicamos a vender y comprar oro, olvidando los más elementales principios y formas de buena convivencia.
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