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Asumir la edad sin aspavientos ni amargura

9 de Octubre del 2026 - Ángeles Menéndez Muñiz (Corvera de Asturias)

Observo que las personas no quieren aceptar que el tiempo pasa rápido, que inevitablemente la juventud se diluye como los cubitos de hielo y no por eso hay que hacer un drama.

Desde mi punto de vista debería ser todo lo contrario, tendríamos que sentirnos agradecidos por cumplir años, los mayores somos una fuente de sabiduría de la que "la eterna juventud" tendría que tomar nota.

¿Acaso piensan que ellos no van a transitar por el mismo camino?

¿Acaso piensan que el tiempo no pasa igual para todos?

¡Pobres ilusos!

Voy a contaros algo: cuando era jovencita pensaba que todo era maravilloso, más estando en casa con mis padres sin cargo alguno, viviendo a mesa puesta sin más preocupación que pasarlo bien y reírme hasta de mi sombra... bueno, hoy en día aún lo hago, pero con una pequeña diferencia, de aquella me reía de todo y de todos, en la actualidad me río de mí porque aprendí que reírse de los demás es cruel y hace daño. Los años es lo que tiene, te dan madurez, vas evolucionando

Somos mayores, no somos viejos, para vieja la ropa, los muebles, etc. El edadismo campa a sus anchas y es algo que debería hacernos reflexionar.

Con los años he aprendido que los que me rodean no todos son "amigos", no todo es como aparentemente se ve.

Hay mucha gente que no me aporta nada, mucho narcisista, mucho tóxico, como dicen ahora a los que fueron unos hijos/as de "Putin" toda su vida.

Mucho trepa que pisa la cabeza a su madre con tal de medrar.

Mucho envidioso/a que con tal de verte ciego son capaces que quedarse tuertos.

Lo que me maravilla es esa gente que no levanta la cabeza del suelo, los que parece que no han roto un plato en toda su vida, cuando se sabe que rompen vajillas enteras sin despeinarse. Como dice el refrán: Dios me libre del agua mansa que de la brava me aparto yo.

También están los que donde antes decían digo ahora dicen Diego, porque lo que antes no les gustaba ahora chiflan por hacerlo. Como dice el refrán: Nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre.

¡Cuánta sabiduría proveniente de los refranes!

Con los años aprendí que mi paz es innegociable, no tiene precio.

Que ni necesito ni quiero la validación de nadie, mi autoestima no necesita la aprobación del prójimo, y no es por prepotencia, es porque a estas alturas de mi vida, solo me faltaba estar pendiente de lo que digan o piensen de mí, sea quien sea.

Esto es parecido a las modas, paso de todas ellas, yo me pongo lo que me gusta, no lo que se lleva, no me gustan las manadas, prefiero la cabra loca que se sale del redil. Tener las cosas claras descoloca al personal que se guían por el modelo estándar.

Lo que más gracia me hace son esos señores machistas que se piensan que las mujeres no tenemos criterio propio y dejamos que los demás nos coman la cabeza. La verdad que me dan mucha lástima porque o ellos hicieron eso toda su vida o su machismo no les permite ver que las mujeres no somos su apéndice, tenemos vida propia aunque se viva en pareja y por supuesto que utilizamos el cerebro totalmente, no como ellos que hacen una cosa de cada vez y para encima mal, ejemplo: van a colgar un cuadro y necesitan un asistente para llevarle la escalera y darle el clavo y el martillo, en fin...

Muchos hombres ilustres pasaron por lo que no eran, robando el éxito a las mujeres que tenían a su lado, sin ellas no serían nada, pero ellos se llevaron el reconocimiento y ellas quedaron a la sombra. Muchas mujeres escritoras, científicas, etcétera, se hicieron pasar por hombres para poder desarrollar su carrera.

El machismo se pone nervioso cuando ve que las mujeres les dan mil vueltas en todo y aun hoy en día tratan de impedirlo de mil maneras distintas... Pobres infelices, aún no se han enterado de que si no es porque la mujer les trajo al mundo no existirían.

A mis 72 primaveras no permito que nadie altere mi salud y mi tranquilidad; el estrés, la ansiedad y el agotamiento emocional es muy perjudicial, altera nuestro sistema inmune y eso ayuda a enfermar. Así que, la mejor receta es la indiferencia total y pasar de todo y de todos.

Hay que ir cerrando etapas que en su día fueron buenas pero que ahora no lo son.

Hay que ir soltando y adaptándome a lo que puedo hacer ahora, no lo que hice cuando era joven. Se puede hacer de todo pero con menos intensidad, gimnasio, caminar, leer, escribir, vida social, pero en mi caso muy reducida porque mi círculo de amistades lo he ido cerrando a medida que las caretas se fueron cayendo y mi bendita intuición, esa que nunca me falla, me fue indicando los pasos a seguir. Es curioso cómo siempre he dado en la diana, tanto a nivel familiar, como de amistad, ella me guía es mi ángel guardián.

En la recta casi final de mi vida necesito calma, tranquilidad y hacer lo que realmente me gusta. No tengo que rendir cuentas a nadie, salvo a lo que más quiero en el mundo, y esa persona esta feliz y encantado con ese punto de locura que tengo y que es tan necesario para vivir, porque eso a él le viene de perlas y es feliz.

¿Qué más puedo pedir? Siempre que he pedido, me ha sido negado, por lo tanto seguiré escribiendo porque es terapéutico y me ahorro el psicólogo.

La vida y los años me ha enseñado que no todas aquellas personas que han estado en mi vida lo tiene que estar a perpetuidad.

Las personas llegan a la vida de una, algunas se quedan y otras se van, y es lógico que así sea, tal vez llegaron en un momento puntual para enseñarte algo; una vez terminada su misión se van.

Las que estuvieron y se fueron, gracias por esos momentos compartidos.

Las que se quedan, gracias por permanecer en lo bueno y no tan bueno.

Las que están recién llegadas, un placer compartir experiencias, momentos inolvidables y también emociones y risas.

Los años me han enseñado que todos pisamos por donde otras personas dejaron su huella antes.

Como dice la canción de Antoñito Molina: Y si ya que estamos de paso, dejemos huellas bonitas...

Al final todos vamos a acabar en el mismo sitio y nos pasamos la vida tirándonos los trastos a la cabeza.

La verdad que muchas veces pienso que ya tarda en caer el meteorito que acabe con todo y con todos. Pensamos que somos los reyes del mambo y tan solo somos un gota de agua en el inmenso océano.

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