La muerte de las ilusiones
Cuando somos jóvenes, vivimos con máximas ilusiones, crecemos esperando y sabiendo que mañana seguro va a ser un día mejor que el de hoy, pero, a medida que pasan los años, estas se apagan como las velas de la vida poco a poco, y cuando echas una mirada a tus recuerdos, ilusiones y ves las fotos de tu alegría de juventud, luego esta se torna en añoranza cuando el cuerpo te pide descanso permanente y te cansas por poco, hasta que llegue el día fatídico del final del camino que ni te llama ni te avisa, te diriges por un camino angosto de la vejez dolorosa. Esa es una etapa que te dobla aún más tus espaldas, cargadas de recuerdos y vivencias; además, si la soledad te asedia, como es lo que ocurre con la sociedad actual, la cuesta se hace mucho más angosta, la cruz del calvario pesa mucho más, existimos en los tiempos de la robótica y de la IA, pero la humanidad no quiere robótica, quiere personas de corazón tierno que te echen una mano, una caricia y una sonrisa, un te quiero, tranquilo que aquí estoy yo para socorrerte y ayudarte en este camino que todos debemos pasar por ley de vida.
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