Qué tontería, ¿no?
Qué tontería, ¿no?
Antes era un corazón atravesado por una flecha y unas iniciales. Era algo mágico, flotábamos, amábamos, sentíamos y vivíamos. Ahora nuestros corazones parece que estén realmente atravesados por una lanza. Estamos tan ocupados en los datos, la supervivencia, los embargos, la corrupción y los desencantos que no nos queda tiempo para amarnos hasta para siempre porque siempre nos desamamos porque nos parece todo muy largo, muy monótono, muy poco de moda. En el espanto de los espantos celebramos despedidas de novios con orgía incluida. Hasta que, como se ha hecho público hace poco, un marido denunció a su mujer porque tuvo un hijo enano a raíz de su loca noche de despedida, la de ella, con un varón de la misma estatura. O sea: nos crecen los enanos por todas partes: en la política, en la economía, en las relaciones humanas y sociales, en el fanatismo de falsas creencias. Es cierto que la gente se está solidarizando más que nunca con los suyos y no suyos. Pero el amor está tan herido, hay tanto odio y tanta sed de venganza que se devalúa, se agota, se pierde... se cansa. Pensamos que el tiempo se nos escapa, cuando el tiempo es eterno, lo que importa es la vida y malgastarla. La vacuna que da la vida no es otra que el amor. Pero, qué tontería ¿no?
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