Nuestra condición humana parece que es aguantar
Si uno se para a reflexionar sobre la distinta forma de plantearse la forma de vivir entre quienes ven con buenos ojos el sistema comunista implantado, más bien por cataplines, de sus mandamases en algunos países que, por libre voluntad de sus sometidos ciudadanos, y luego lo compara con la forma de vida de lo que venimos a entender por sistema occidental o capitalista, llega uno a la triste conclusión de que el ser humano siempre es víctima de sus propios congéneres, más fuertes o avispados que él.
Para un simpatizante del sistema comunista, resulta que todo cuanto de negativo nos pasa a la clase humilde o trabajadora en el mundo occidental siempre es culpa del egoísmo sin freno del capitalismo. Por el contrario, ejemplos hay para dar y tomar; quienes han tenido algún tipo de experiencia con el comunismo, no en teoría, sino en la práctica, huyen de él como de la presencia de tigre hambriento. Alguna razón justificada debe de haber para ello. Yo fui emigrante hace muchos años en la Alemania federal, cuando aún ni soñaban con la reunificación del país, y me tocó trabajar de compañero con algún alemán que antes de la construcción del muro de tan triste recuerdo, que acabó separando la Alemania mal llamada democrática de la federal y libre, y lo que esos compañeros me contaban de lo que en el otro lado tenían que soportar, primero ellos y después los familiares y amigos que allí seguían, la verdad es que no era para desearlo, y algo de cierto habría cuando después, una vez levantado el muro por voluntad de la Alemania comunista, fueron muchas las personas que perdieron la vida intentando huir de aquel supuesto paraíso para pasar a la Alemania federal, pero ni un solo caso de alguien que intentara lo contrario, es decir, irse de la federal al pregonado paraíso comunista.
Cuando después años más tarde cayó el Muro, muchos huyeron de aquello como de la peste y aceptaron el tan denostado sistema capitalista. De otra parte, por ahí tenemos algún ejemplo, como fue el caso de Cuba, que la astucia de los Castro convenció al pueblo de que sus males eran dejar el poder en manos de quien lo ostentaba hasta entonces, y que con ellos tendrían libertad y democracia; promesa que tristemente convirtieron en una dictadura comunista que aún hoy el pueblo paga con sudor y muchas lágrimas. Conclusión, que si esto obedece a la condición humana, hemos de concluir que fuimos mal diseñados, y que, para nuestra desgracia, siempre tendremos que soportar el peso del yugo que cuatro osados poderosos nos impongan, con o sin comunismo; por desgracia, así estamos viendo que pasa, desde el principio de los tiempos.
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