Los cañones de Napoleone
Imaginen y junten los sonidos y vibraciones vividos y sentidos en la plaza de la Catedral de Oviedo. Cuando por allí pasaron, entre otros: "Barón Rojo", "Loquillo", "Ilegales", "War Cry", "Celtas Cortos", "The Christians", "Camela", Raphael o la Pantoja. Aquello sí que era una escuela de calor, color, gusto y diversión. Esa música, ese bullicio, decían que era un peligro que dañaba la vetusta arquitectura que presidía la plaza. Dicho peligro se vio minimizado la noche de este sábado 17, cuando las explosiones de cañones (en la simulación de guerra entre franceses y asturianos) retumbaban y hacían vibrar los vasos de cerveza de las terrazas y los tímpanos de los que allí estábamos. Algunos dicen que hasta Alfonso II, que era Casto pero también bravo, desenvainó su espada, no se sabe si para proteger a la Regenta o a la Catedral de aquel despropósito que la sometía a brutales vibraciones, y corría el peligro de romper sus gárgolas, facilitando así la inundación del templo. Puestos a imaginar...
Más música y menos pólvora.
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