Nos estamos acostumbrando
El otro día fui a tomar un café y pensé en lo mucho que han subido los precios. Parece una tontería, pero cada vez me pasa más: miro lo que cuesta algo y me pregunto si de verdad vale eso. Y no hablo solo del café. Salir a cenar, comprar ropa, llenar la cesta de la compra o incluso ir al cine cuesta cada vez más.
Lo que más me sorprende es que parece que nos estamos acostumbrando. Nos quejamos un momento y seguimos pagando, porque tampoco tenemos muchas alternativas. ¿En qué momento hemos normalizado que cosas tan cotidianas cuesten tanto? ¿De verdad tenemos que aceptar que hasta los pequeños planes se conviertan en un lujo?
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