Que el cambio de hora no frene tus propósitos
Parece que necesitamos una fecha señalada para empezar de nuevo. En septiembre nos prometemos que esta vez iremos al gimnasio, leeremos más y comeremos mejor. En enero, nos repetimos lo mismo. Pero, cuando llega el cambio de hora, en lugar de mantener estos propósitos, nos limitamos a lamentarnos porque se hace oscuro demasiado pronto, no nos apetece salir a la calle o hace demasiado frío.
Es curioso como unas horas menos de luz pueden cambiar tanto nuestras rutinas. De repente, salir a andar, hacer deporte o quedar con los amigos se convierte en un suplicio, a pesar de ser actividades que nos hacen sentir bien. Pero, si en verano forman parte de nuestro día a día, ¿por qué tenemos que renunciar a ello cuando llega el frío?
Está claro que el sofá, la manta y una película son tentadores cuando hace frío. Pero, si siempre elegimos el camino más cómodo, acabamos posponiendo aquello que también necesitamos: movernos, relacionarnos y dedicarnos tiempo. No hay que esperar que las condiciones sean perfectas para empezar a cuidarnos. El cambio de hora quizás nos quita horas de luz de la tarde, pero no nos tiene que quitar las ganas de vivirla.
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