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Sánchez, el poder y la estrategia de no soltarlo

26 de Octubre del 2026 - José Viñas García (OVIEDO)

A mí me da que Pedro Sánchez le ha cogido la medida a eso de conservar el poder: repartir dinero público, conceder favores y hacer concesiones para sumar apoyos. Solo le falta ir por las aceras repartiendo billetes, como hacían algunos sátrapas en campaña electoral.

Cuanto más tiempo permanezca, más difícil será desalojarlo de la Moncloa. A los pensionistas les sube la pensión, mientras muchos no ven cómo la cesta de la compra se encarece mucho más. A las mujeres les promete igualdad, protección y oportunidades, mientras proliferan estructuras, cargos y presupuestos cuya eficacia merece ser evaluada. Cada colectivo tiene su discurso, y cada discurso busca apoyos. ¿De verdad vamos a ignorar que eso también forma parte de una estrategia electoral?

A ello se suman las políticas de nacionalidad, regularización y reagrupación familiar, cuyo impacto electoral merece un debate serio, sin generalizaciones: los derechos de ciudadanía deben ajustarse a la ley, y las reglas sobre quién puede votar no pueden convertirse en una herramienta partidista. Nadie de fuera, sea nieto de quien fuera, puede votar para elegir por nosotros quién gestionará los recursos de quienes los pagamos.

Sánchez ha pactado con Bildu y los independentistas, ha concedido indultos y promovido una amnistía que ha generado una enorme controversia política y jurídica. Y mientras exige responsabilidades a sus adversarios, las investigaciones y polémicas que afectan a personas de su entorno político y familiar alimentan las críticas por la aparente desigualdad de criterios. Si la exigencia es la ejemplaridad, debe aplicarse a todos por igual.

También hay que recordar una realidad: ha gobernado sin conseguir aprobar nuevos Presupuestos Generales del Estado durante varios ejercicios y ha recurrido reiteradamente a decretos-leyes para sacar adelante medidas. Gobernar a golpe de decreto no puede convertirse en la normalidad de toda una legislatura, porque la urgencia no debe sustituir al debate parlamentario ni al control democrático.

Y hay otra cuestión que no deberíamos pasar por alto: el posible abuso de la Diputación Permanente hasta las elecciones, utilizando un órgano concebido para garantizar la continuidad parlamentaria durante los periodos en que las Cámaras no están reunidas o han sido disueltas. Si durante años los asuntos no fueron tan urgentes como para justificar determinadas decisiones, cuesta aceptar que ahora todo pueda volverse urgente en apenas mes y medio. La excepcionalidad no puede convertirse en una herramienta de campaña.

Por eso, la oposición debe aprender de los errores del pasado. PP y Vox, si aspiran a gobernar, deben comprometerse con medidas concretas, plazos y mecanismos de rendición de cuentas. No bastan las promesas: hay que explicar cómo se cumplirán y aceptar responsabilidades si no se cumplen. Sánchez prometió muchas cosas que después matizó, abandonó o incumplió, desde sus compromisos sobre pactos políticos hasta sus anuncios en materia de vivienda y sus posiciones sobre los independentistas.

Mientras tanto, sus defensores pueden presentar cada crítica como una campaña de la derecha, del poder económico o de jueces supuestamente politizados. Pero las responsabilidades deben determinarse con hechos y pruebas, no con etiquetas. Ni la cercanía personal demuestra culpabilidad ni la afinidad política puede servir de escudo.

Y cuando llegue la campaña aparecerán artistas, comentaristas, periodistas, activistas y sindicatos dispuestos a defender sus posiciones. Es legítimo exigir transparencia sobre las subvenciones públicas y garantías de que el dinero de todos no se utiliza para premiar adhesiones o comprar silencios.

La oposición debe desenmascarar las contradicciones sin caer en la propaganda que denuncia. Nada de promesas vacías ni de vender humo: compromisos verificables, transparencia, igualdad ante la ley y respeto al contribuyente.

Porque el problema de fondo es que demasiados políticos terminan confundiendo el poder con su propiedad y el dinero público con una caja propia. Los casoplones, los cargos y los grandes discursos no solucionan el problema de la vivienda ni abaratan la cesta de la compra.

El poder no pertenece a Sánchez ni a ningún partido. Pertenece a los ciudadanos, que lo prestan mediante las urnas. Y ese préstamo no es un cheque en blanco. Es un cheque con el compromiso firme de mejorar la vida, la salud, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, enfermos, familias, trabajadores, empresarios y autónomos; de invertir en I+D+I, en infraestructuras, obra y vivienda pública; de reducir la dependencia del exterior; de potenciar las cosas que dan de comer: el campo, los pueblos, la agricultura, la ganadería, la industria y los sectores primarios, todo ello acompañado de las nuevas tecnologías para potenciar y modernizar su explotación. Y olvidarse de vivir del turismo, que empobrece y encarece todo allí donde prolifera. Crea empleo de propina, satura los servicios públicos y la vivienda.

En fin, ¿qué diré yo que ustedes no sepan?

Señores del PP y Vox, la sanidad hay que volver a ponerla al servicio de los pacientes sin listas de espera ni médicos que se crean dueños del cortijo. A los ancianos hay que cuidarlos y apoyarlos; las residencias hay que inspeccionarlas y sancionar fuertemente las negligencias. Las pensiones son un periodo similar a los primeros 25 o 30 años de vida: ambos periodos hay que financiarlos y sostenerlos en cualquier Estado de derecho y de bienestar, sin enfrentar a jóvenes con mayores ni a trabajadores con pensionistas. Son caminos que todos debemos recorrer, sin echarnos nada en cara.

Si ustedes creen que no se pueden sostener las pensiones, ya me dirán si se puede criar, alimentar, vestir y educar a una persona durante los primeros 25 o 30 años de su vida, antes de ponerse a producir. Y, cuando empieza a producir, empieza a quejarse de sostener a quien empezó a trabajar antes de los 18 años, le dejó todo hecho y le sostuvo hasta la Universidad, pagando transporte, profesores, repeticiones, prácticas... y hasta Erasmus.

No me sean malagradecidos.

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