La excepción española
Desde que a principios de este mes el actual incumbente de la Moncloa convocara elecciones, estamos inmersos en una campaña continua. Los "memes", "reels", creados por partidos y particulares gracias a la IA, la polarización extrema a la que este gobierno ha llevado a la ciudanía y el avance en paralelo de las causas judiciales que acorralan al entorno más cercano a Sánchez incluida su familia, hacen que esta campaña sea, probablemente, terreno desconocido hasta para los más avezados analistas políticos.
Todo parece indicar que el Partido Popular volverá a ganar las elecciones, sin embargo, a diferencia de las anteriores, junto con el partido Vox, le darán los números para formar un gobierno de coalición.
Y esto que se avecina tiene desquiciada a la izquierda y a la extrema izquierda, que ven cómo el poder se les va de entre las manos; angustiados a los partidos nacionalistas, que ven que su influencia desmedida tiene fecha de caducidad, e incluso a los sindicatos mayoritarios, que, cada vez con mayor descaro, muestran su estrecha coordinación con los partidos de izquierda y extrema izquierda.
Lo paradójico es ver cómo, desde sectores liberales y conservadores, se ataca al Partido Popular alegando que está "estancado", que "no ilusiona", que "su discurso no cala"... De lo que dicen las izquierdas... ¡Se pueden ustedes imaginar!
Pues bien, yo quiero hacer un alegato en defensa del Partido Popular, un partido que, en el peor de los casos, prácticamente duplicará al partido con el que tendrá que compartir gobierno y que se encuentra a su derecha, algo muy meritorio dado que se trata de una circunstancia inédita en el resto de Europa, en donde los partidos de extrema derecha han absorbido literalmente a los partidos conservadores tradicionales, o, si no, observen lo que está ocurriendo en Alemania con la CDU, o los llamados Republicanos o Renaissance, el partido de Macron, que han sido barridos, de tal forma que en las próximas elecciones en Francia las opciones serán o Le Pen o Melenchon; o en el Reino Unido, donde el Partido Conservador está siendo engullido por ese engendro político que ha crecido en torno a Nigel Farage.
Muy lejos de todo eso estamos en España, la fortaleza del partido conservador tradicional, el Partido Popular, es robusta, sus cuadros han sido profundamente renovados, se han asumido las lecciones de los errores del pasado y hay al frente una persona decente, con una base de votantes que no se dejan nublar el entendimiento por los continuos manejos de un gobierno crepuscular que pretende exacerbarlos para así llevarlos a posiciones más extremas. Y esa es la verdadera fuerza del Partido Popular, que, a diferencia de lo que hemos vivido en los últimos años, no hará de la mentira una herramienta política, ni de los ministerios un lugar desde el que disfrutar de prebendas y privilegios, mientras se beneficia a conmilitones y amiguetes.
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