García Sánchez se funde a negro
Murió José Luis García Sánchez, un director de cine que encapsuló la normalidad castellana -española, al cabo- bajo un excipiente de humor airado, vocinglero. Me da bastante igual este modo de ser como para adherirme a ello, pero me interesa como todo lo que hay en concentración elevada. García Sánchez hacía comedias bienquistas no sé por qué, quizá porque había sitio para la situación chocarrera, tomada esta como representación de vicios nacionales atribuibles a herencias recibidas -no a proyectos transformadores, ¡por favor!-, aunque al final queda impresión de vanagloria identitaria un tanto cerval; como si García Sánchez quisiera echar más remiendos a la capa raída y costrosa del 98.
García Sánchez, por quintaesenciado y panóptico, era, a su manera, un rey de España alternativo; uno que sancionara una I República ruinosa y cantonalista, en el marco del naturismo, junto a su esposa perenne, la simpar Rosa León, a quien uno imagina elevando un planto con su guitarra y su empuje pedagógico. A lo mejor resulta que por fin alguien nos explica qué es la muerte.
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