Ceuta, Covadonga y Larisa
El inmenso mar de belleza que inundó Madrid durante la manifestación de las mujeres ceutíes, las "caballas", en defensa de su dignidad, demostró dos cosas: que el poder político no es la medida de todas cosas y que todos los que se esfuerzan por las más nobles cosas de la vida no encontrarán mejor ayuda que el amor, como una sabia enseñó al mayor sabio de todos. El amor de Ceuta por la civilización viene de lejos, de aquellos tiempos en que los asturianos combatían a los moros y los argolios a los eslavos. Siendo Ceuta entonces "Septem Fratres" -y parte del exarcado bizantino de África-, defendía la civilización con sus fuertes murallas y la fe con su templo dedicado a la madre de Dios. Cuando Ceuta cayó, por la insolidaridad peninsular visigoda, toda España cayó bajo el yugo moruno. Ahora como entonces se traiciona en Ceuta a toda España, despreciando la hidalguía bien ganada sirviendo al soberano. La hidalguía del amor a la patria ha sido desplazada por el "señorialismo" que practican los gobernantes de España, interesados solo en cuanto sirve para mantener su ser señorial y dominante a costa de delegar en los demás, transformando el "de ellos nos serviremos" del Cantar de Mio Cid en regularizaciones masivas de extranjeros. De hecho, cuadra a los ceutíes todo lo que "el que en buena hora ciñó espada" (Cid Campeador) padeció por los malos gobernantes de su época. Aquellos malos señores prohibieron que nadie diese posada a aquel buen vasallo, so pena de perder casa, haberes y "hasta los ojos de la cara". Y todo porque Ceuta, ahora como entonces, acepta la tarea especial de la "guardia contra monstruos" de Beowulf, cuando la noche oscurecedora y las formas cubiertas con el manto de las sombras se deslizan sobre el mundo, tenebrosamente bajo las nubes, como los navíos de guerra extranjeros. Para que el maestro de los gestos maléficos que roba la alegría de los corazones sepa que ya no está predestinado a devorar a más del linaje de los españoles, como en los tiempos en que Covadonga (Asturias) y Larisa (Argos) llamaban a reconquistar España y Grecia de los bárbaros saqueadores.
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