El cumplido
En una ocasión, no hace mucho tiempo, me fijé en una vecina, viuda ya, y me salió un espontáneo cumplido, le dije: "Parece usted una flor de pitiminí", y contestó: "Gracias, Alejandro". Pero a la compañera que estaba al lado no pareció sentarle muy bien lo dicho y muy seria también dijo: "Oiga, esas cosas ya no se pueden decir". A lo que muy sorprendido le repliqué: "Pero, señora, si eso se lo decía siempre mi padre a mi madre, en paz descansen los dos". Esto viene a colación porque tengo una amiga lectora que me ha confesado que le gusta leerme. Y les comunico que he consentido. Y me he mostrado agradecido. No sé cómo terminará la cosa porque los dos nos reímos mucho, aunque parecemos serios. Es más, me he puesto tan contento que me he tomado un flan, terrible para la dieta, pero muy consolador. Le he dicho que a mí edad no tengo prisa. Dice que lo tendrá en cuenta. A esta aún no le he dicho flor de pitiminí. En ello estoy. Pero estoy seguro de que si se lo digo no me denuncia. Ya no se pueden decir, dice. ¡Jesús!
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