Cuando pintan bastos
Solamente dese el año 2010 hasta ayer, se contabilizan en España 17 accidentes de ferrocarril con un balance de 386 muertos. Los más graves, por número de fallecidos, fueron:
-Accidente de Metrovalencia, 43 muertos.
-Accidente de la Curva de A Grandeira, Angrois (Santiago de Compostela), 80 muertos.
-Accidente de Adamuz, 46 muertos.
-Accidente de Urda, 69 muertos.
Entre 2000 y 2010, hubo en España 17 accidentes graves de trenes, que aportaron 386 personas fallecidas y otras a cientos que quedaron desgraciadas.
Hoy día, cualquier persona inquieta culturalmente tiene al alcance de la mano estos datos de manera indudable, fidedigna e irrefutable, sin dejarse engañar por bulos tan al orden del día. Concretamente, estas cifras ofrecidas son obtenidas (s. e. ú o.) de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), al alcance de todos en internet.
La mayoría recordamos solo los muy últimos accidentes ferroviarios ya que, en general, nuestra mente a veces suele ser muy olvidadiza en el tiempo. Esos terribles accidentes nos han dejado el corazón encogido, pero también nos han puesto delante un espejo implacable que nos hace ver lo que somos como sociedad.
En los momentos de máxima oscuridad es cuando mejor se ven los destellos de luz, pero también las sombras más miserables. Por un lado, la luz. Qué lección de dignidad nos han dado esos profesores y médicos que, estando legítimamente en huelga y defendiendo lo suyo, no dudaron ni un segundo en arriar las pancartas para correr en silencio a los hospitales a donar sangre. Qué orgullo ver a los usuarios y conductores de Blablacar ofreciendo sus coches gratis, restando horas a sus vidas para compartirlas con absolutos desconocidos que se habían quedado tirados en los andenes. A quienes nos hemos criado bajo los valores de esta Asturias nuestra, esa respuesta no nos pilla de nuevas: nos recuerda inevitablemente a la solidaridad de las cuencas mineras, del mar o cualquier otro pueblo o aldea; con el espíritu del "hermanamiento" asturiano, donde, ante desgracias y derrumbes, todo el mundo corría a ayudar sin preguntar el nombre de nadie. Eso es la España real. Todo un pueblo que, cuando pintan bastos, se da la mano sin pedir nada a cambio. Por otro lado, está la miseria de siempre, los buitres buscando despojos, extrapolados a esos directivos y especuladores que, mientras las familias lloran y el caos reina, ven la oportunidad perfecta para hacer caja. Subir los billetes de avión a precios prohibitivos en plena catástrofe no es "libre mercado", es pura y dura usura. Es aprovecharse de la desesperación ajena para engordar la cuenta de resultados. Aunque a veces sea bien visto, en nuestra cultura, el enriquecerse de esa manera. Aquí sabemos bien lo que es depender de las conexiones de transporte y sufrir el aislamiento, por eso duele el doble ver que se juegue con la necesidad de movilidad de la gente.
Afortunadamente, la decencia de las personas corrientes y la reacción posterior conteniendo esos precios abusivos han demostrado a todas luces que el bien pesa más que el mal.
Aunque sin rencor, eso sí, debiéramos tomar nota de quién estuvo a la altura y de quién prefirió rebañar en el plato de la tragedia.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

