El gris
Vengo a reivindicar el gris.
Un color que siempre ha pasado desapercibido, supongo que por su falta de viveza. Lo entiendo: es un color soso. Pero, si te paras a pensar, tiene mucha más presencia en nuestras vidas de la que imaginamos. Hasta me atrevería a decir que siempre lo buscamos.
Déjame explicarte.
El gris es el resultado de fusionar blanco y negro, dos opuestos. Es, por tanto, el punto donde se encuentran las polaridades. ¿Cuántas veces hemos dicho «esto no es ni blanco ni negro» cuando podríamos haber dicho simplemente «esto es gris»?
Entendemos la vida a partir de las contradicciones y los extremos. No concebimos el blanco sin el negro, la luz sin la oscuridad, la bondad sin la maldad, lo poco sin lo mucho, la muerte sin el nacimiento. ¿Y si vivir consistiera en encontrar el gris, ese punto donde confluyen los extremos y donde por fin hallamos el equilibrio?
Vivimos en una sociedad cada vez más polarizada y eso dificulta encontrar ese espacio común. Habrá quien piense que situarse en el gris es una posición tibia o cobarde. Yo creo que es todo lo contrario: encontrar el gris exige empatía. Implica escuchar y comprender al otro para dar paso al diálogo.
Algo que, para muchos, es cada vez más imposible.
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