A voces
En un viaje a Londres, hace ya algún tiempo, me perdí en sus calles más céntricas y pasaba por allí un hombre en bicicleta, muy tranquilo. Entonces, levantando un poco la voz, dije: "Eh, señor, please!". Entonces el señor se giró muy asustado y aceleró el paso maldiciendo. Más tarde conocí a Francisco Muñoz, corresponsal de "Interviú", y me explicó que es costumbre del español levantar el tono de voz, sobre todo cuando no es preciso. Que en Inglaterra, cuando bajaba alguien del avión, aunque hablara perfectamente el inglés, el inglés sabía que era un español. Oviedo tiene lo bueno de Inglaterra, su sosiego, su sirimiri, su niebla y su limpieza. Aunque es cierto que aquí hablamos muy alto, como el resto del país, para hacernos entender. El añorado escritor Miguel Delibes decía: "¿Qué es lo que no quieren oír los jóvenes cuando disfrutan escuchando la música estridente?". Diríamos que todo lo hace el clima, pero en ocasiones se agradece un poco el silencio. Sobre todo para hacerse entender. Que falta nos hace.
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