Huelga general a destiempo y por motivo no entendible
No sé si la edad me está haciendo ver las cosas de al revés o si, por el contrario, son efectivamente las cosas quienes van al revés, y no yo; pero lo cierto es que últimamente no entiendo nada de nada. A ver, señores sindicalistas del momento: ¿cuándo se vio convocar una huelga general en protesta por la falta de viviendas, acaso son las empresas en general las que han de dedicarse a construir las viviendas sociales que el actual Gobierno prometió construir en sus dos legislaturas y no se ve una sola por ninguna parte? No se entiende un carajo; lleváis ocho años viendo cómo este señor gobierna sin presupuestos gastando lo que le apetece sin rendir cuentas ni al Parlamento, en plan ordeno y mando, y vosotros calladitos sin ver ni oír nada, mientras la inflación nos está dejando pensiones y salarios a años luz por debajo de su poder adquisitivo respecto al que deberían tener, y vosotros parece ser que ni os enterabais. Ahora de pronto despertáis y veis que no hay viviendas, ni sociales ni en el mercado para comprar o alquilar a precios razonables. Voy a tomarme el atrevimiento de aclararos la cuestión, par de sindicalistas de nuevo cuño: la vivienda, como cualquier otro producto, se debe a la ley de la oferta y la demanda, que es tan antigua como la humanidad; si el campesino cosecha muchas patatas, o las vende medio regaladas o se le pudren, cuando cosecha pocas pone el precio que le interesa, y a los compradores nos dice: "Si las quieres las compras, y si no las dejas". Pues algo tan fácil de entender pasa con la vivienda y con cualquier producto en el mercado. Si no se construyen viviendas en proporción a la demanda, pues la inflación en el producto está servida. Es así, está todo inventado; inventaros cualquier otra disculpa para contentar a vuestro fiel "mandamás", pero, por favor, no nos toméis por tontos. Somos viejos, pero aún sabemos distinguir la mentira y el servilismo descarado de la pura realidad. Esta huelga general viene a destiempo, y solo va a conseguir dañar un poco más a nuestra maltrecha economía de país y, por supuesto, la del pobre asalariado, al que le haréis perder un jornal para nada. ¡Así lo entiendo y así lo expongo!
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