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La promoción del 96

13 de Septiembre del 2011 - José Antonio Noval Cueto (Pola de Siero)

Ahora que empieza el nuevo curso académico, ahora que hay amenazas de paro de profesores en diferentes comunidades autónomas, ahora que según algunos la verdad objetiva no existe, sino que depende de las circunstancias, del momento, ahora que incluso se banaliza sobre la importancia de la Educación en nuestro desarrollo personal, no viene mal reflejar en este escrito una de las satisfacciones que tenemos la mayoría de los docentes y que, de cuando en cuando, azuza nuestra conciencia y nos reitera la importancia de nuestra labor educativa y nos recuerda que el adulto que hoy somos, se debe, en gran medida, a nuestra familia, a nuestros profesores o algún profesor que nos ayudó a encontrar nuestra vocación y nos animó en la misma, y también a muchas personas (vecinos, amigos…) que con su ejemplo constante y callado nos han ido marcando nuestro itinerario personal, pues uno, por sí sólo, consigue pocos avances.

Me vienen estas reflexiones en muy momento muy especial: apertura del curso 2011/12, y después de una jornada de encuentro con 37 alumnos a los que he dado clase en el año 1996, cuando cursaban COU, en el Colegio Los Robles. Esta jornada de encuentro que consistió en una espicha tuvo lugar el pasado 2 de setiembre en Gijón, en el restaurante Bellavista, con un día de sol espléndido y con una panorámica especial, pues se hermanaban el azul del cielo y la majestuosidad del mar…A la mayoría de esos alumnos no los había vuelto a ver desde hacía 15 años, pero salvo alguno ya con poco pelo, la mayoría aún eran reconocibles y aún recordaban el «adolescente» que fueron.

El momento era óptimo para hacer un balance, para comprobar si había merecido la pena el esfuerzo que todos (padres, alumnos y profesores) habíamos puesto en lograr una buena preparación y formación que les habilitará para «navegar» por la vida, y el resultado fue positivo, estimulador, a pesar de las individualidades de cada uno. En el transcurso de esas horas se habló, como es lógico, de profesiones, de trabajo, de recuerdos que han marcado y marcan sus vidas, y que son los que hacen que muchos recorran muchos kilómetros para encontrarse con sus «amigos y compañeros de siempre», los del Colegio, los amigos con los que han compartido alegrías y penas, y que nunca les han pedido nada a cambio, los amigos de la amistad más desinteresada.

Allí se congregaban compañeros de profesiones muy diferentes, desde abogados, médicos, economistas, veterinarios y gestores de empresas con un futuro prometedor, a personas que con su trabajo discreto y callado también contribuyen al progreso de la sociedad, así autónomos, empleados, hombres de banca, aspirantes políticos…Se daba una amalgama de los más dispares oficios que ofrece la sociedad, pero todo estaba presidido por la confianza, por la amistad, por el sentirse grupo…Se habló de temas de actualidad, sobre el futuro de Asturias –muchos , por desgracia, excelentes profesionales tienen que ejercen su profesión fuera de Asturias, la mayoría en Madrid-, de temas familiares, afectivos, recuerdos escolares e incluso se entabló una pequeña tertulia sobre la importancia de la lectura y los libros que uno debe leer para considerarse persona con cierta cultura, así se habló desde Jenofonte con su «Anábasis», pasando por Bernal Díaz del Castillo, hasta llegar a escritores o articulistas más actuales, como Pérez Reverte o el inigualable Umbral, y cómo no, de la importante labor que pueden hacer los medios de comunicación a la hora de defender y transmitir unos valores, unos principios…

En todos ellos noté una preocupación por su futuro y el de la sociedad que les rodea, y en todos ellos comprobé la elegancia y discreción que debe caracterizar a un grupo humano, independiente de su situación económica y de sus capacidades intelectuales… En todos ellos noté esa necesaria humildad que debe caracterizar nuestra andadura humana, al reconocer que son el esfuerzo, el trabajo, la voluntad, junto con las circunstancias, los que permiten que la persona y la sociedad consigan metas dignas y deseables…

Alumnos de la decimosexta promoción del Colegio Los Robles, el pasado día 2 de setiembre me habéis dado la lección de la ejemplaridad, del compañerismo. En resumen, ahora que tanto se habla del éxito rápido, me habéis dado una enseñanza que no olvidaré, que no es otra, que la de saber estar y tener claras las metas y esto, que puede pareceros poco, es mucho en los tiempos que corren, donde hay muchas personas como vosotros que desconocen que uno de los objetivos principales del ser humano es buscar la auténtica felicidad, y ella en parte depende de que uno encuentre su vocación, aquello que le hace singular. ¡Gracias por recordarme una vez más que el futuro de la sociedad depende de la educación y de su cuadro de valores y que sigáis manteniendo esos lazos de amistad que tanto os honran!

José Antonio Noval Cueto, ex-alcalde de Siero, Siero

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