Fredo, tampoco yo te creo
Alfredo Pérez Rubalcaba es un verdadero maestro del arte de lanzar inquina de alta calidad y, aunque ha reconocido que no es creyente, siempre emplea un cierto tonillo frailuno. Esputa maldades sin que éstas chirríen demasiado, pero de su boca fluye auténtica bilis que corroe hasta el acero inoxidable.
No llego a entender el posicionamiento de Pérez Rubalcaba como candidato electoral que acaba de salir de un Gobierno en el que ha tenido un peso específico y no le importe aparecer como un aspirante limpio de polvo y paja ante la masa electoral. Menos aún si, además de seguir militando en un partido que se denomina socialista, ha realizado –y permitido realizar– una política que ha traicionado sucesivamente sus programas y hasta su ideología. Ciertamente, este juego es para valorarlo con nota.
Sin embargo, Rubalcaba no parece haber encontrado solución a sus dilemas que, desgraciadamente para sus votantes, incluso para él mismo, ni es nueva ni demasiado valiente, como es saltar al ruedo con la atrevida pretensión de seguir engañando a todos todo el tiempo.
En parte ello explica el bochornoso espectáculo de quien siendo vicepresidente del Gobierno apoyó y justificó los recortes sociales más duros del período democrático, acusando a la vez a sus adversarios políticos de estar prometiendo que si llegan a gobernar elevarán los salarios a los funcionarios (él, que los recortó un cinco por ciento) y las pensiones (precisamente él, que las congeló por vez primera conculcando el Pacto de Toledo).
Insisten en que el Partido Popular viene con la podadora cuando esa guadaña la ha utilizado sobradamente el Ejecutivo de Zapatero, del que él formaba parte. Quiere además activar el PSOE para acrecentar el temor a la derecha lanzando a los barones de su cuerda para que atemoricen a jubilados y funcionarios con más congelaciones y recortes. Pretende, asimismo, airear el fantasma del miedo queriendo penalizar el patrimonio cuando antes se desgañitaba diciendo lo contrario.
Si ésta es tu hoja de ruta, Alfredo, no te entiendo; tantos años hemos creído de buena fe en tus augurios esperando los garantizados «brotes verdes» que ni siquiera afloraron... ¿Cómo quieres que creamos ahora cuanto estás diciendo en campaña electoral? Ofreces muchísimas cosas que años atrás has tenido la posibilidad de realizarlas y no lo has hecho. Por tanto, no sigas prometiendo lo que en ocho años no has –no habéis– cumplido.
Ya sé que con tal de conseguir votos no te duelen prendas. Guarda, pues, tanto electoralismo como estás usando en tus mítines y, por favor, no dejes que el conejo salga de la chistera, ya que por alguna agudeza tuya peligre el resultado normal del 20-N.
Lo siento, Fredo, pero sigo sin poder creerte. Y te prevengo por si aún no te has dado cuenta, somos muchos los que pensamos igual.
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