Navajadas
La matanza de Paracuellos aún se sigue investigando y cuestionando si entre sus responsables estuvieron Santiago Carrillo y otros dirigentes republicanos. Lo dice el fiscal Navajas, lo leí un día de estos en LA NUEVA ESPAÑA. Lo extraño es que lo diga para defender al juez Garzón, que se negó precisamente a abrir una instrucción para dilucidar esas presuntas responsabilidades. Con lo oportuna que hubiese sido esa instrucción para dejar las cosas definitivamente claras. Es más, Garzón abroncó a los querellantes echándoles en cara ser gente de mala fe, que viene a ser lo mismo que de derecha extrema, como diría el ingeniero de hidrocarburos José Blanco.
La hipótesis de que los dirigentes del Frente Popular hayan tenido algo que ver con lo de Paracuellos está prácticamente descartada, pero no se le puede exigir a un fiscal que esté a la última en historiografía, bastante tiene con el Aranzadi. La hipótesis hoy por hoy más acreditada es que aquellas matanzas las haya ejecutado un comando de marcianos, pues no había entonces tecnología para matar en tan poco tiempo a tanta gente junta. Y si no existía esa tecnología, no se la podía comprar por mucho oro que hubiera en el Banco de España. Que además ya no lo había, pues lo estaban embarcando en Valencia.
Dice también Navajas que lo de Paracuellos fue una matanza puntual. Con eso sigue hablando por aproximación, ya que las matanzas de Paracuellos se adelantan a los grandes mataderos de degüellos colectivos, que empiezan en los años cuarenta con los nazis y los comunistas.
Tampoco entiende Navajas de qué se podría quejar ese montón de muertos que ya tienen su pequeña tapia, sus crucecitas blancas. Y hasta un monolito, añade el fiscal de un solo filo, como diciendo qué más pueden pedir. Si en eso consiste la justicia según tan altos magistrados (el juez acusado y el fiscal defensor), Garzón, que en adelante va a tener mucho tiempo libre, podría ir levantando tapias en las fosas del otro bando, con Navajas sirviendo la hormigonera. Y aquí paz, que ya va siendo hora. Lo de allá gloria, mejor no meneallo (hasta ver en qué queda el Concordato cuando vuelva Rubalcaba).
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